Actualidad, ensayo, Literatura, sociedad

La expulsion de lo distinto: acomododados en lo igual.

Byung-Chul Han es un teólogo coreano (1959) experto en diseccionar nuestra sociedad actual. Y lo hace exponiendo en este pequeño, pero enorme ensayo diferentes ámbitos que forman parte intrínseca de una comunidad y del significado que cada uno de esos temas tienen en nuestra sociedad robotizada y capitalista. De lo que significan y a la vez, de lo que deberían significar.

“Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo.”

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A través de 12 capítulos Byung-Chul Hang  habla del miedo, de la mirada, de la voz, del pensamiento del otro ,y se pasea, a su vez, por pasajes de diversos filósofos como Kant, Freud o Nietzsche que refuerzan su teoría .También  cita obras literarias como El Castillo de  Kafka  o nombra a  autores como Barthes e incluso llega a establecer símiles entre películas de Lars Von Trier y nuestra sociedad enferma o La ventana indiscreta de Alfred Hitchock  y nuestra nula capacidad de reconocernos en la mirada del otro.

Hoy en día todo el mundo quiere ser distinto de los demás, porque el neoliberalismo nos induce a creer que somos especiales e únicos, pero en ese afán por ser distinto o especial lo que late es la pulsión de lo igual. Cuando todo el mundo quiere ser distinto no hay riesgo ni valentía. Se está repitiendo un patrón motivado por una sociedad neoliberal y capitalista y un espíritu consumista. Tenemos miedo al dolor. Nos da pavor experimentar.

“Precisamente la negatividad es vivificante. Nutre la vida del espíritu. El espíritu solo obtiene su verdad si dentro del desgarramiento absoluto se encuentra a si mismo. La negatividad del desgarramiento y del dolor es lo único que mantiene con vida al espíritu.”

La sociedad occidental actual está padeciendo de la desaparición de ” el otro”. “El otro” se ve como un contrincante negativo y oscuro que hay que esquivar. O, directamente no se ve . En los tiempos actuales las redes sociales no son, en realidad, una forma de hacernos más sociables. Los encuentros digitales, que no suelen favorecer un encuentro real son, en realidad, una forma obscena de reproducirnos a nosotros mismos. Nuestros seguidores  son en realidad una “reproducción de lo igual”, que nos hacen pasar de largo ante lo diferente, ante aquellos que pueden enseñarnos algo interesante, aumentar nuestros conocimientos, ampliar nuestras perspectivas de pensamiento o aportarnos experiencias novedosas.

“La comunicación digital me interconecta y al mismo tiempo me aísla. Destruye la distancia, pero la falta de distancia no genera ninguna cercanía personal.”

 Facebook, Twitter y la cultura del selfie lo que encierran, en el fondo, es una banalización de la comunicación, de la socialización y de la amistad. Los mensajes lanzados al espacio digital no van dirigidos a una persona en concreto, se pierden. Porque el otro no existe. La civilización del “me gusta” solo genera más vacío e insatisfacción, englobado en una especie de espacio positivo que no deja lugar para el respiro, ni para la calma, ni para saber escuchar.

“En Facebook no se mencionan problemas que pudiéramos abordar y comentar en común. Lo que se emite es sobre todo información que no requiere discusión y que solo sirve para que el remitente se promocione. Ahí no se nos ocurre pensar que el otro pueda tener preocupaciones ni dolor”

A nuestro ser le hace falta la negatividad, la contraposición, el saberse enfrentado en la mirada del otro, en el saber escuchar de una forma hospitalaria que atiende a la vez que oye. (Para el capítulo de escuchar el filosofo coreano extrae un párrafo de Momo, la famosa obra de Michael Ende, un párrafo enorme que utiliza para explicar porque se ha perdido la capacidad de escuchar en nuestra sociedad y elaborar una ética de la escucha. Este paralelismo que establece el coreano es sencillamente, de lo más inmenso y bonito que he leído en mucho tiempo).

“La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre hombres para que ellos configuren una comunidad. Hoy oímos muchas cosas, pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento.”

Enfrentarse al miedo es enfrentarse al cambio. Es ese enfrentamiento el que no permite nuestra sociedad neoliberal. Si bien en muchos aspectos el “neoliberalismo” es presentado como el triunfo de la razón frente a la barbarie medieval o las sociedades no industrializadas, Byung-Chul Han le da una vuelta de tuerca  a este pensamiento. A nuestro mundo actual caracterizado por el poder de lo global  no lo guía la razón sino una furia insatisfecha de sí misma que solo provoca tensión y que genera la aparición de movimientos sociales convulsos como el nacionalismo, la proliferación de avalancha de inmigrantes e incluso las formas violentas de lucha política como el terrorismo.

“La zona de bienestar, es más, la isla de bienestar, siendo un apóptico o una construcción basada en una óptica excluyente, está rodeada de vallas fronterizas, de campos de refugiados y de escenarios bélicos.”

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Byung- Chul Han no tiene smartphone, no hace turismo y durante tres años se dedicó a plantar un jardín. Para él el ser humano habitante de nuestro tiempo actual es un turista (en el sentido negativo del término) que solo roza el umbral, no lo atraviesa. Y hay que atravesar el umbral, sentir el peso de la muerte, de la transformación entendida como el peso de “lo otro” que nos conmueve y nos duele. Lo distinto tiende a desaparecer en esta cultura de la uniformidad en la que nos hemos instalado. Necesitamos el magnetismo de la voz de “el otro” entendido como fascinación omnipresente y necesaria para nuestro desarrollo personal.

“Hoy el mundo es muy pobre en miradas. Rara vez nos sentimos mirados o expuestos a una mirada. El mundo se presenta como placer visual que trata de agradarnos. Del mismo modo, tampoco la pantalla visual tiene el carácter de una mirada. Windows es una ventana sin mirada. Nos protege justamente de la mirada.”

Hasta el arte y la literatura se ven afectados por esa cultura de la conformidad, de lo plano, de lo igual, volviéndose sumiso y complaciente. Lo cual es una contradicción en si misma, porque el arte tiene su lugar en lo inhóspito, si no, no es arte. El arte y la literatura se convierten en otra cosa que se denomina igual , pero que se ha convertido en un elemento más de la cadena de producción.

Al arte le es esencial una tensión de negatividad. De este modo para Adorno no habría ningún arte que haga sentirse a gusto. La extrañeza en relación con el mundo es asimismo un factor de la filosofia. Dicha extrañeza es inherente incluso al espíritu. De este modo, el espíritu es, esencialmente,una crítica. En la sociedad del “me gusta” todo se vuelve complaciente, incluso el arte.”

El individuo occidental se cree libre pero está sometido a una avalancha de información que le impide escuchar, a una vorágine hiperconsumista que le impide elegir y una comodidad en lo igual que le impide sorprenderse, tener miedo y habitar umbrales. Y esto provoca una proliferación de enfermedades de carácter individual como la depresión, el trastorno límite de la personalidad o la anorexia y la bulimia.

“La conducta autolesiva no es solo un ritual de autocastigo por esas insuficiencias propias que son tan típicas  de la actual sociedad del rendimiento y la optimización, también viene a ser un grito demandando amor.”

El narcisismo es el estado actual del individuo occidental, sobreexpuesto al bombardeo de información. Todo el mundo quiere ser observado, pero en esa omnipresente pretensión de ser observado se pierde profundamente la inclinación del sentir del otro, de percibir lo diferente y dejarse conmocionar por él. Hoy en día la igualdad no nos ha hecho libres, sino esclavos, no de una fuerza exterior sino de nosotros mismos.

“En una sociedad en la que la negatividad de la represión y la negación dejan paso cada vez más  a la permisividad y a la afirmación, cada vez se oirán menos voces. A cambio, crece el ruido de lo igual.”

Es así como  Byung-Chul Han construye un magnífico ensayo en el que hace un diagnóstico crítico de una sociedad que, creyéndose en posesión de todos los medios posibles para realizarse perpetuamente a sí misma se torna plana e igual. El conformismo radical, revestido de positividad, nos impide sentir dolor. Y el dolor es transformación. Prestamos demasiada atención a nosotros mismos y eso nos cosifica, nos embrutece y nos impide ver, escuchar y relacionarnos con el otro. Somos piezas de la maquinaria que nos hemos creado, ayudados por un sistema capitalista y una sociedad neoliberal.

Hoy hemos dejado de ser frágiles niños.”

Puntuación: 9/10.

 

 

 

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Actualidad, Alcoholismo, Literatura

Lagunas: Recuerdo lo que bebí para olvidar.

Sarah Hepola es la autora de esta fascinante autobiografia etílica. Actualmente vive en Dallas , pero ha colaborado con diversos medios como “The New York Times Magazine”, “New Republic”, “Glamour” o “The Guardian”.

La narración abarca desde su más temprana infancia hasta su entrada en la madurez; desde sus primeros coqueteos con la cerveza hasta la toma de conciencia de su problema: el alcoholismo. Es la historia de una mujer que consigue hacerse a si misma a pesar de que el nexo común de todas sus etapas vitales sea el que fué durante mucho tiempo su potente motor de vida: el alcohol.

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“Quería vivir mis propias películas y para mi el alcohol era la gasolina de toda aventura. Las mejores noches eran aquellas de las que al día siguiente te arrepentías.” (Pag.14).

Si bien durante siglos la mujer que bebe ha sido repudiada o considerada alguien con un secreto que deberia ocultarse y hacerse a escondidas, desde finales del siglo XX y principios del XXI  la cultura pop, la afloración del término empoderamiento y las series de aquellos años pretenden mostrarnos a una mujer independiente, fuerte, que puede fuma y beber, como Carrie y sus amigas en Sexo en Nueva York , como la abogada Diane Lockhart en “The good Fight”. En el cine la heroina treinteañera y tragicómica Bridget Jones puede hacer el payaso mientras va borracha sin,supuestamente, perder la gracia. Florence and The Machine (ya entrados en el siglo XXI) también canta en “Hunger” a su juventud rebelde y a los coqueteos con el alcohol. La bebida es un hábito cultural que puede mantenerse a raya; una forma de rebelión contra el “stablishment” masculino, una forma más de empoderamiento femenino. Que sexy es Lauren Bacall o Ava Gardner con su copa de vino en la mano. Pero no nos damos cuenta de que hay algo terriblemente ficcional en todo esto: Estas mujeres de la pantalla grande nunca tienen resaca, siempre están hermosas, lúcidas y radiantes como si la bebida alcohólica no fuera más que un suplemento vitamínico que en vez de romperte por dentro, te restaurara. Nunca las vemos vomitando en la taza del water. O intentando romperse la crisma recordando que ocurrió la noche anterior. Sus noches y sus días son extremadamente lúcidos. Las lagunas no existen.

“Las lagunas me desconcertaron durante muchos años,pero la mecánica es muy sencilla. La sangre alcanza un punto de saturación de alcohol y cierra el hipocampo, la parte del cerebro responsable de la memoria a largo plazo. Bebes lo suficiente y el morro del animal deja de temblar. Apagón. Se acabaron los recuerdos.”

A mi lo que me parece originalísimo del libro es que se centre exclusivamente en uno de los efectos mas perniciosos del alcohol ( lo digo porque yo también lo he sufrido y se que muchas personas que lean esto también) : lagunas mentales de varias horas (aunque algunas solo duran minutos) en las que no recuerdas nada; las cuales suelen suceder sobre todo en noches desenfrenadas, mezclando juerga sin fin, copas en la mano y sexo con desconocidos. Una laguna es no saber como has llegado hasta donde estás al acabar la noche.

” A veces me pasa. En medio de una escena cae el telón y me deja minutos, en ocasiones horas, a oscuras. Aunque cualquier que me viera no se daría cuenta. Simplemente vería a una mujer caminando, sin saber que su memoria acaba de partirse por la mitad.

A lo mejor no sabéis de que estoy hablando. Quizá sois de los que bebéis con moderación, de los que se toman un par de copas de vino a traguitos y os vais de las fiestas a una hora prudente. Quizá sois de esas personas afortunadas que pueden pasarse toda la tarde sorbiendo whisky sin desaparecer en el vaso. Pero si sois como yo, conoceréis la fulminante sensación de despertarse y descubrir que, donde debería haber algunas escenas clave de la noche anterior, solo hay un espacio en blanco. Mis noches están llenas de trampillas.”

Las lagunas son un efecto secundario muy peligroso del alcohol. Y si bien todo el mundo ha oído hablar de una famosa droga que pueden echarte en la bebida para violarte o hay extensos artículos periodísticos e internautas de los perniciosos efectos que puede tener sobre tu salud o tu cerebro la cocaína, la heroína, el éxtasis o las pastillas ( Aquí Sarah Hepola trata el tema de una forma muy interesante y novedosa) las lagunas mentales es un tema muy poco tratado. Todo el mundo sabe más o menos de que se habla pero no le da importancia. Porque los perniciosos efectos de una droga legal siempre parecen menos nocivos que cualquier otro.

“Los verdaderos borrachos esperan, atentos al momento en el que tocan fondo. Tu cara choca continuamente contra un muro de ladrillos, pero esperas poder destrozártela y seguir tu camino. Quedar herido, pero no destruido. Es una apuesta. ¿Cuantos riesgos quieres correr? ¿Cuantos percances necesitas? (Pag.130)”.

El lenguaje utilizado por Hepola es sencillo y conciso. Numerosos pasajes crudos no están exentos de humor . Quizá sea por eso que resulte tremendamente impactante. En algunos sitios he leido que es como “un puñetazo en el estómago”, pero francamente, a mi no me ha parecido así Y no lo digo en el mal sentido de la frase. Es que creo que es algo más que “un simple puñetazo en el estomago”: es la historia de una mujer empoderada que hizo del alcohol su compañero de juegos y que luego se dió cuenta de que su compañero, como la gasolina que necesitas para hacer frente a tu naturaleza tímida e imperfecta, le estaba jugando muy malas pasadas, y tuvo que dejarlo de lado.Y por eso es también la historia de esa lucha por abandonar su adicción.

“No puedo creer que en otro tiempo pensara que la única parte interesante de una historia era aquella en la que la heroína bebía. Porque pueden ser las historias más soporíferas del mundo. ¿Hay algún héroe más odioso que un borracho con mirada vacía que no deja de repetirse? Estuve atrapada en esas repeticiones muchos años-las mismas conversaciones, las mismas humillaciones, el mismo remordimiento- y en ellas no hay tensión narrativa, creedme. Era un gran bucle de Misma Mierda.

Estar sobria no era la parte aburrida. Estar sobria era el giro argumental”

A mi me resulta extremadamente consolador que alguien hable de si misma y trate este tema de una forma tan natural y divertida. Quizá haya pasajes grotescos para quien no se haya visto envuelto en situaciones como las que rodearon la vida de Sarah Hepola hasta que dejó de beber pero su necesidad de transmitir ese mensaje final es tremendamente conmovedor, tierno y, a la vez, muy valiente porque no es nada aleccionador. Sarah Hepola te cuenta, pero no te dice que no bebas,no te da consejos, solo se muestra tal como es o tal como fue. Es como si te dijera: “Eh! Mira lo que hacia! Era una borracha que no podía mantener una relación estable, no sabia lo que hacia por las noches, mis amigas me abandonaron, los hombres no me querían, apenas sabia redactar artículos sin una copa en la mano pero sabes? Estoy aquí!! Y te voy a contar mi historia porque yo no soy una superwoman, soy una mujer de carne y hueso, y mi historia, como todas, merece ser escuchada.”

Sarah Hepola ha escrito una autobiografia hermosa y audaz, con los ecos de esos bares en los que te pierdes a deshoras,los carteles de neón, una habitación de hotel a la que no sabes bien como has llegado, el dolor infantil de tu adolescencia y la conciencia de tu entrada en la madurez. Es un testimonio tan feroz y fascinante como fresco y divertido.Como tomarse una cerveza fría en una calurosa tarde de agosto. Además es actual, moderna: La misma Sarah era fan de Stephen King.Hay multitud de referencias a canciones pop , a John Turturro en “Barton Fink”. A una amiga universitaria que nunca la abandonó del todo y que leia a Silvia Plath y a Anne Sexton. A las marcas de cigarrillos. A las clases de bourbon.

“Tenía una reproducción de la automáta de Edward Hopper en el escritorio. En ese cuadro no pasa nada, pero me atraía: una mujer sola, mirando al suelo en un restaurante vacío, de noche. Había decorado mi espacio de trabajo con fotos de bailes en el instituto en las que abrazaba a un grupo de amigos que sonreían. Jamás me había dado cuenta de lo hermosa que puede ser una mujer sola”

Su prosa es tremendamente adictiva, electrizante y original . Por que escribir sobre algo que no recuerdas debe ser tremendamente complicado y ella lo hace con una sencillez y delicadeza sorprendentes. Consigue escribir un libro a mitad de camino entre el thiller ( No os podeis perder el final y lo que se escucha en unas cintas grabadas muchos años atrás ) ,la narración autobiográfica y el ensayo feminista: un libro que es como un lugar reconfortante o un abrazo cálido, sobre todo si en algún momento te has sentido igual que ella ( no creo que haga falta ser una alcohólica para identificarte con algunas de las  situaciones que aquí se describen) o has vivido algo parecido. O quizá no. Quizá no te haga falta haber vivido algo parecido. Porque su historia no deja de ser una más entre las múltiples historias de mujeres fascinantes que se hacen a si mismas gracias a que alguna vez se apartaron del camino recto.

“Yo adoraba el alcohol y me devoró. Adoraba la fama y la maquinaria de la valoración, y me destrozaron. Adorar a otro ser humano es predisponerte para el fracaso, porque los humanos son, por naturaleza, defectuosos. En tiempos adoré a David Foster Wallace. En cierta forma, todavía lo hago. Su suicidio es otro recordatorio de que todo el conocimiento y talento del mundo no impedirán que tus manos aprieten el nudo corredizo del que te colgarás.

Busco todos los tipos de bienestar que puedo procurarme. Música. Viejos amigos. Palabras que abandonan mis manos antes de que salga el sol. Tocar mi guitarra en una habitación vacía. Los árboles, cuando cambian de color y me dicen que no soy una impotente secoya sino otra hoja que se arrastra por el suelo….”

 

 

 

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Actualidad, Cine

Burning, el incendio invisible de Lee Chang-Dong.

Lee Chang-Dong crea una obra de arte con la adaptación cinematográfica de un relato de Haruki Murakami (Quemar graneros) incluido en su libro de relatos “El Elefante desaparece”, el cual , a su vez, hace referencia a Faulkner y su cuento “Incendiar establos” publicado en 1939. El director consigue rodar un película de 2 horas y media a partir de una obra literaria de pocas páginas, y , a pesar de tenerlo todo en contra, el resultado no puede ser mas apabullante.

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William Faulkner es, a su vez,el escritor favorito de Jong Su, un joven aspirante a escritor que malvive con empleos de poca monta. Una tarde se choca por casualidad con una amiga de la infancia, Haemi, o así se lo hace recordar ella, porque en realidad el no la recuerda ya que ella se ha hecho la cirugia. Tras unos pocos encuentros, Haemi le confiesa que quiere viajar a Africa y que le gustaria que cuidara de su gato,Caldera, mientras ella está fuera. El, obediente, va cada dia a ponerle comida y bebida al gato, que nunca se deja ver, porque según su dueña, le asusta la gente. Cuando vuelve de su periplo por África, Haemi viene acompañada de un joven misterioso, Ben, rico y alegre, que parece poseer todo lo que quiere y es la antítesis personificada de Jong Su, pobre y enamorado.

Toda la película esta dotada de una atmósfera extraña que te invade por completo aunque no te deje entrar desde el principio. Todo va poco a poco. Lo cual significa dejarse llevar por los susurros, los pálpitos, las intuiciones de lo que se va sugiriendo sin que nada parezca real del todo o soñado. Una atmósfera que parece destinada a estallar por algún lado, inflingiendo dolor. Una mezcla de poesia y thriller que te revuelve por dentro.

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Es la historia de un triángulo amoroso en el que la perdición lo inunda todo, especialmente a ese Jong-Su, que, inevitablemente enamorado de Haemi, no puede salvar las distancias contra ese Gran Gatsby que parece ser Ben, un hombre confiado, hermético , rico, con una casa enorme y cuidada, pero que a su vez, aparece rodeado de un aura de oscuro misterio que se reflejará sobre todo a partir de la segunda parte del film, cuando éste, en el granero de Jong-Su ,una preciosa tarde a la luz del atardecer, le confiese que tiene por hobbie incendiar graneros de vez en cuando.

Justo en ese momento se produce una de las escenas más hermosas e hipnóticas de la película, en la que Haemi, aficionada a la mímica, baila semidesnuda al ritmo de la música de “Ascensor para el cadalso” de Miles Davis , crea una paloma con sus manos que se mezcla con la puesta de sol y con la bandera de Corea ondeando al viento; una canción brillante para una coreografía sombría que recoge la futilidad de la vida. Un instante vale más que una vida.

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El film es una adaptación armoniosa e inteligente con multitud de aristas e insinuaciones, como esa mirada insana sobre la precariedad laboral en Corea del Sur ((Tanto Jong-Su como Haemi tienen nimios trabajos con los que solo aspiran a sobrevivir mientras esperan a que su vida mejore), sobre esa brecha abierta entre el mundo rural y granjero al que pertenece Jong-su y el mundo urbano y capitalista en el que Ben se mueve como pez en el agua. Unos vértices de contrastes, de clases sociales diferentes. En el otro lado Haemi, una joven soñadora e inquieta que parece siempre aspirar a algo más.

La cámara parece detenerse en los gestos más íntimos y silenciosos, en la soledad palpitante de Jong Su y su manifiesta perdición; en la siempre sonrisa enigmática de Ben cuando insinua “yo solo me divierto” o en los hermosos gestos y palabras de Hamei. Se mueve entre el distanciamiento y lo profundamente emocional: las escenas mas cotidianas y más simples se transforman en mensajeras de una gran carga misteriosa, visual y política.

Todos los planos ( unidos a las excepcionales interpretaciones de los actores)tienen una sutileza lírica fuera de lo común, no acostumbrados a verse en el cine de hoy.  Y ese plano final, un coche ardiendo y un hombre desnudo quemándose sobre la nieve, es un manifiesto brutal de la más absoluta desesperación.

Puntuación: 8,5/10.

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Actualidad, Cine, series

La maldicion de Hill House.Casi siempre un fantasma es un deseo.

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El miedo puede servir de consuelo. Un salvoconducto donde los problemas del día a día se desechan. Un rato pegado a la pequeña pantalla olvidándote de las minucias que te acosan es como una inyección de adrenalina. Como correr 8 kilómetros en ayunas.

Pasar miedo puede ser hasta confortable. Porque no deja de ser una vuelta de tuerca a la niñez. Por que cuando somos niños se nos permite sentirlo. Puedes mirar debajo de la cama. El coco. La bruja. El hombre del saco. Cuando somos niños y tenemos miedo somos mas niños todavía. Pero no pasa nada. Ya están los adultos ahí para calmarte cuando tienes una pesadilla o no puedes dormir. Ellos te harán creer que siempre has tenido un mal sueño, una extraña alucinación entre las sombras. Y así lo interiorizarás.

Pero que pasa cuando te conviertes en adulto. Cuando ya eres adulto y sigues viendo fantasmas. Fantasmas que te acechan en forma de tus miedos mas primitivos, con la silueta de tus deseos más oscuros. La mujer del cuello torcido. El hombre alto del sombrero. Que pasa cuando no puedes llevar una vida normal. Y tu nisiquiera sabes exactamente porque.

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Anticipo diciendo que La maldición de Hill House es de lo mejor que he visto en mucho tiempo. Tambien digo que tengo debilidad por las peliculas de terror psicológico y las casas encantadas. Ahi lo dejo.

El argumento es el siguiente: La familia Crain , con sus cinco retoños se traslada durante las vacaciones de verano a la mansión de Hill House. Su intención es reformarla para venderla después. Pero durante esos dos meses, apariciones y visiones fantasmales comenzaran a acechar la supuesta tranquilidad que andaban buscando. 25 años despues, la familia se reune a causa de un trágico suceso familiar, y se verán obligados a hacer frente a los fantasmas del pasado.

La serie es original desde su planteamiento. Las elipsis temporales y saltos en el tiempo nos presentan a los cinco niños en el presente mas inmediato (ahora ya convertidos en adultos), pero con  vueltas al pasado en flasbacks, para que poco a poco vayamos entendiendo la personalidad de cada uno, y su forma de lidiar con el hecho de haber sobrevivido a una casa encantada que pretendía retroalimentarse de ellos. Cada uno de ellos presenta un temperamento muy distinto y por eso reaccionaran de forma diferente. Así que igual que si de una coraza de supervivencia se tratase todos se refugian en multiplicidad de sentimientos que van desde la negación o la ira a la depresión o la aceptación, siendo los mas perjudicados aquellos que eran más niños cuando vivían allí,porque a las maléficas sombras que acechan en la oscuridad siempre les gusta ensañarse con los más débiles, o los más fáciles de influenciar, es decir, los niños mas pequeños y una madre al borde de una crisis nerviosa.

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Es por eso que, aparte de una magnífica serie de horror sobrenatural( con algúnque otro susto que te hace levantarte del sofá o pegar un grito) La maldición de Hill House es mucho más que eso. Porque por encima de esos fantasmas acorralando a la familia Crain sobresale un extraordinario drama familiar de fondo: unas relaciones y una confianza que se rompió no se sabe cuando y que todavía anda buscándose en los pedazos de un pasado lleno de oscuros secretos, en las palabras que no se dijeron en el momento oportuno y se convierten en susurros en la oscuridad. Todo eso da pie a creencias equivocadas. A refugiarse en un duelo que no es aceptado del todo porque no se entiende bien y que puede provocar, si me apuras, todavía mas dolor.

Casi perfecta tanto en la forma como en el fondo, el desarrollo de los capítulos es lento y va desgranando poco a poco los terribles acontecimientos que dejaron marcados a los hermanos. Tremendamente conmovedores son los episodios centrados en los personajes de los gemelos, Nell y Luke, los mas jóvenes, incapaces de sobrellevar una vida para la que aparentan no estar demasiado preparados, refugiándose en la depresión o las drogas,con visiones maléficas acechando a cada vuelta de esquina. Pero extraordinario hasta el llanto es el último episodio donde las piezas del puzzle fantasmal y familiar  parecen unirse en perfecta armonía, como una certeza que todo lo cura.

Una dirección magnífica (un Mike Flanagan a tener en cuenta) , unos diálogos teatrales , que parecen sacados de una estupenda novela y que dejan traslucir todo el miedo,la culpa y la frustración que inunda a los personajes, unas interpretaciones excelentes ( me quedo con todos los actores, no voy a elegir a ninguno en particular) y una mansión gigantesca donde las tormentas tienen preferencia y los fantasmas campan a sus anchas conforman una de las mejores series (si no la mejor) que he visto en los últimos años.

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Aquí los fantasmas no son solo espectros que se alzan majestuosos como estatuas, deslizándose por pasillos infinitos o acechando detrás de cada columna decimonónica. Mike Flanagan viene a decirnos que las apariciones, como los miedos, están dentro de cada uno de nosotros, en forma de dudas, anhelos o deseos.

Hay que esforzarse por descubrir que hay detrás de esa maldita puerta roja, el corazón de un hogar que nos amenaza, inconscientes de que ya hemos estado allí muchas veces. Porque como dice Steven, el hijo mayor en un magnífico monólogo al final de el último capítulo: ” El miedo, como el amor, es el abandono de toda lógica”.

Y a nosotros nos gusta mucho abandonarnos.

Puntuación: 9/10.

 

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Actualidad, series

The sinner. El pecado que hizo libre a Cora.

No veo muchas series ultimamente (especialmente por la tan manida-y no por eso menos cierta-frase de que “no tengo tiempo”) asi que cuando alguna va y me entusiasma me acuerdo de que tengo un blog que no sigue casi nadie y al que hay que darle algo de vida. Hay que hablar de ello. Hay que hacer una reseña.

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The sinner es una miniserie de 8 episodios de corta duración distribuida por Netflix basada en una novela negra de Petra Hammesfahr (Creo que no esta editada en español ). Rozan los 45 minutos pero no llegan ni siquiera a eso. Yo la devoré en tres tardes. Porque este thriller psicológico que indaga en los profundos recovecos de la mente humana y escarba en los recuerdos olvidados como mecanismo de salvación consiguio mantenerme en unos niveles de ansiedad que no se rebajaron hasta que visualice el capitulo final. Me mordia las uñas. Literalmente.

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La protagonista, Cora Tanetti (Una Jessica Biel espléndida) es una mujer a la que vemos en el primer capitulo un tanto agobiada y triste por problemas usuales de la vida cotidiana pero nada fuera de lo normal (una suegra algo controladora, un marido que quiere sexo cuando ella no) asi que se van a desconectar un dia  a la playa. Cora nada y nada. Se mete en el oceano , se pierde en el agua. Su marido se muestra un poco preocupado pero ella ya ha vuelto del mar, diciendo que solo queria un poco de tranquilidad. Justo al lado una pareja juguetea y se divierte mientras una cancion (Huggin &Kissin de Big Black Delta) suena una y otra vez. Cora se lanza hacia el hombre con el cuchillo con el que pelaba la pera a su hijo, produciéndole la muerte.

El gran interrogante que sobrevuela sobre este inquietante y oscuro thriller psicológico no es el ¿Quién? sino el ¿Porque?. ¿Porque una ejemplar madre de familia se lanza a pleno sol y delante de todo el mundo a cuchilladas sobre un desconocido? Ni siquiera ella misma lo sabe.

El inspector que se encarga del caso, un magnifico Bill Pullman como Harry Ambrose,un hombre algo fetichista con problemas en su matrimonio presiente que aquí hay algo más que un simple caso de “enajenación mental transitoria”,que detrás de la mirada perdida de Cora hay dolor, sufrimiento y abuso; y la ayudara casi sin proponérselo porque el también parece  un ser atormentado por la culpa , y ve en este caso una forma de expiar sus demonios o, supongo, de al menos tenerlos controlados.

En este puzzle a resolver sin apenas esperanza para Cora las piezas no encajan porque están desperdigadas en los oscuros entresijos de su mente bloqueada. El asesinato que se comete no es un asesinato a resolver sino un asesinato que abre puertas y heridas,aquellas que Cora luce con verguenza en sus brazos, o las que el inspector se inflinge para no morir en el tedio.El inspector debe intentar averiguar en el pasado de Cora a través de su mente.

Y una vez que empezamos a indagar nada es lo que parece. Cora es una cosa en un capitulo, pero luego es otra. Padece problemas mentales o no. Se droga. O no.Cuando creemos que se ha abierto una rendija de luz esta se cierra. Dice, se desdice para protegerse del mundo. Cora no es una heroe poderosa; es una antiheroe depresiva y frágil que asume lo que ha hecho y acepta, resignada, las consecuencias. Pero no sabe porqué lo ha hecho y el inspector, convencido de que el crimen tiene todos los ingredientes de ser pasional, intentará averiguar el porque, aun luchando contra toda otra clase de jerarquias que le rodean , contra ella misma declarandose culpable ante el juez, contra la fiscalia intentando chantajearla con fotos de su hijo. Cora, que se muestra hosca al principio poco a poco va abriendose al inspector e intentando dejarse ayudar, rendirse, volverse pequeña, volver atras, volver a aquello que se perdio en su memoria, aquello que tuvo que olvidar para seguir adelante. Ella, que no se cree merecedora de tanta atención por una vez entiende que alguien quiere ayudarla de verdad. Y tiene que ser asi. Después de cometer un asesinato a pleno sol. Ironias de la vida.

La serie tiene una estructura narrativa con abundantes flashbacks que hacen referencia a los recuerdos que Cora tiene bloqueados en alguna parte de su memoria, que van saliendo poco a poco, a veces inconexos, sin sentido. Estos recuerdos que pueden ayudar a a la explicación del crimen se mezclan con el pasado de Cora, escenas que van relatando el retrato de una familia excesivamente religiosa , una madre estricta hasta la extenuacion y una hermana enferma a la que cuidar. El progreso es correlativo. Van desde su niñez pasando por su adolescencia y llega a su juventud. Las imágenes del ayer se mezclan con las de hoy y la trama se va desmadejando al tiempo que su infancia,adolescencia y entrada en la juventud se muestran en sus aspectos mas crudos y oscuros, con una manera de entender el sexo influenciada profundamente por una educacion religiosa rigida .El espectador va entendiendo algunos aspectos de su personalidad ,al mismo tiempo que Cora descubre su porque.

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Es también un serie de personajes. Me gusta mucho el personaje del marido interpretado por Christopher Abbot. Totalmente desconcertado ante lo sucedido e intentando buscar respuestas sus acciones generaran otras subtramas que intentan encontrar la verdad por otros caminos. Y sobre todo el personaje de Phoebe, la hermana enferma de Cora, que representa su pasado y por la que reuno una multitud de sentimientos encontrados a lo largo del visionado de la serie pasando del odio a la ternura mas infinita al final.

The sinner es provocativa tanto en la forma como en el fondo.La violencia, la familia dictatorial, la infancia como el motor donde se va gestando nuestro verdadero yo, las ansias de libertad, la religión ejerciendo su  opresión ,el primer amor que quizá no sea tal, la confusión de la juventud, el sexo como motor de escape. Todos son temas polémicos que se desarrollan y se tocan en mayor o menor medida en este puzzle que me dejó maniatada a la pantalla hasta lograr conformar todas las piezas para que cuadren en una fatídica y tremenda noche, tan oscura como el pasado de Cora, tan luminosa como ese esplendido dia de playa en que Cora rasga el cielo azul con su asesinato. Porque al final, el pecado que Cora cometió resulto ser su forma de redención.

Un guion estimulante, una trama sugerente, una pegadiza y electrica banda sonora , una forma sorprendente de atraer al espectador en un  intento de rasgar bajo la superficie para averiguar que nada es lo que parece y su escandaloso desenlace (los dos ultimos episodios son para no olvidar) hacen de esta serie algo más que un puro entretenimiento.

The sinner es puro disfrute con alguna que otra moraleja no apta para bienpensantes. Un tunel sucio y oscuro ,en el cual, como las almas atormentadas si se ayudan mutuamente se consigue, al final, ver la luz. A mi me ha removido por dentro. La recomendaria sin dudarlo, aun sabiendo que no es apta para todo el mundo.

NOTA: 8,5.

 

 

 

 

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