Actualidad, ensayo, Literatura, sociedad

La expulsion de lo distinto: acomododados en lo igual.

Byung-Chul Han es un teólogo coreano (1959) experto en diseccionar nuestra sociedad actual. Y lo hace exponiendo en este pequeño, pero enorme ensayo diferentes ámbitos que forman parte intrínseca de una comunidad y del significado que cada uno de esos temas tienen en nuestra sociedad robotizada y capitalista. De lo que significan y a la vez, de lo que deberían significar.

“Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo.”

byung

A través de 12 capítulos Byung-Chul Hang  habla del miedo, de la mirada, de la voz, del pensamiento del otro ,y se pasea, a su vez, por pasajes de diversos filósofos como Kant, Freud o Nietzsche que refuerzan su teoría .También  cita obras literarias como El Castillo de  Kafka  o nombra a  autores como Barthes e incluso llega a establecer símiles entre películas de Lars Von Trier y nuestra sociedad enferma o La ventana indiscreta de Alfred Hitchock  y nuestra nula capacidad de reconocernos en la mirada del otro.

Hoy en día todo el mundo quiere ser distinto de los demás, porque el neoliberalismo nos induce a creer que somos especiales e únicos, pero en ese afán por ser distinto o especial lo que late es la pulsión de lo igual. Cuando todo el mundo quiere ser distinto no hay riesgo ni valentía. Se está repitiendo un patrón motivado por una sociedad neoliberal y capitalista y un espíritu consumista. Tenemos miedo al dolor. Nos da pavor experimentar.

“Precisamente la negatividad es vivificante. Nutre la vida del espíritu. El espíritu solo obtiene su verdad si dentro del desgarramiento absoluto se encuentra a si mismo. La negatividad del desgarramiento y del dolor es lo único que mantiene con vida al espíritu.”

La sociedad occidental actual está padeciendo de la desaparición de ” el otro”. “El otro” se ve como un contrincante negativo y oscuro que hay que esquivar. O, directamente no se ve . En los tiempos actuales las redes sociales no son, en realidad, una forma de hacernos más sociables. Los encuentros digitales, que no suelen favorecer un encuentro real son, en realidad, una forma obscena de reproducirnos a nosotros mismos. Nuestros seguidores  son en realidad una “reproducción de lo igual”, que nos hacen pasar de largo ante lo diferente, ante aquellos que pueden enseñarnos algo interesante, aumentar nuestros conocimientos, ampliar nuestras perspectivas de pensamiento o aportarnos experiencias novedosas.

“La comunicación digital me interconecta y al mismo tiempo me aísla. Destruye la distancia, pero la falta de distancia no genera ninguna cercanía personal.”

 Facebook, Twitter y la cultura del selfie lo que encierran, en el fondo, es una banalización de la comunicación, de la socialización y de la amistad. Los mensajes lanzados al espacio digital no van dirigidos a una persona en concreto, se pierden. Porque el otro no existe. La civilización del “me gusta” solo genera más vacío e insatisfacción, englobado en una especie de espacio positivo que no deja lugar para el respiro, ni para la calma, ni para saber escuchar.

“En Facebook no se mencionan problemas que pudiéramos abordar y comentar en común. Lo que se emite es sobre todo información que no requiere discusión y que solo sirve para que el remitente se promocione. Ahí no se nos ocurre pensar que el otro pueda tener preocupaciones ni dolor”

A nuestro ser le hace falta la negatividad, la contraposición, el saberse enfrentado en la mirada del otro, en el saber escuchar de una forma hospitalaria que atiende a la vez que oye. (Para el capítulo de escuchar el filosofo coreano extrae un párrafo de Momo, la famosa obra de Michael Ende, un párrafo enorme que utiliza para explicar porque se ha perdido la capacidad de escuchar en nuestra sociedad y elaborar una ética de la escucha. Este paralelismo que establece el coreano es sencillamente, de lo más inmenso y bonito que he leído en mucho tiempo).

“La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre hombres para que ellos configuren una comunidad. Hoy oímos muchas cosas, pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento.”

Enfrentarse al miedo es enfrentarse al cambio. Es ese enfrentamiento el que no permite nuestra sociedad neoliberal. Si bien en muchos aspectos el “neoliberalismo” es presentado como el triunfo de la razón frente a la barbarie medieval o las sociedades no industrializadas, Byung-Chul Han le da una vuelta de tuerca  a este pensamiento. A nuestro mundo actual caracterizado por el poder de lo global  no lo guía la razón sino una furia insatisfecha de sí misma que solo provoca tensión y que genera la aparición de movimientos sociales convulsos como el nacionalismo, la proliferación de avalancha de inmigrantes e incluso las formas violentas de lucha política como el terrorismo.

“La zona de bienestar, es más, la isla de bienestar, siendo un apóptico o una construcción basada en una óptica excluyente, está rodeada de vallas fronterizas, de campos de refugiados y de escenarios bélicos.”

la expulsion de lo distinto

Byung- Chul Han no tiene smartphone, no hace turismo y durante tres años se dedicó a plantar un jardín. Para él el ser humano habitante de nuestro tiempo actual es un turista (en el sentido negativo del término) que solo roza el umbral, no lo atraviesa. Y hay que atravesar el umbral, sentir el peso de la muerte, de la transformación entendida como el peso de “lo otro” que nos conmueve y nos duele. Lo distinto tiende a desaparecer en esta cultura de la uniformidad en la que nos hemos instalado. Necesitamos el magnetismo de la voz de “el otro” entendido como fascinación omnipresente y necesaria para nuestro desarrollo personal.

“Hoy el mundo es muy pobre en miradas. Rara vez nos sentimos mirados o expuestos a una mirada. El mundo se presenta como placer visual que trata de agradarnos. Del mismo modo, tampoco la pantalla visual tiene el carácter de una mirada. Windows es una ventana sin mirada. Nos protege justamente de la mirada.”

Hasta el arte y la literatura se ven afectados por esa cultura de la conformidad, de lo plano, de lo igual, volviéndose sumiso y complaciente. Lo cual es una contradicción en si misma, porque el arte tiene su lugar en lo inhóspito, si no, no es arte. El arte y la literatura se convierten en otra cosa que se denomina igual , pero que se ha convertido en un elemento más de la cadena de producción.

Al arte le es esencial una tensión de negatividad. De este modo para Adorno no habría ningún arte que haga sentirse a gusto. La extrañeza en relación con el mundo es asimismo un factor de la filosofia. Dicha extrañeza es inherente incluso al espíritu. De este modo, el espíritu es, esencialmente,una crítica. En la sociedad del “me gusta” todo se vuelve complaciente, incluso el arte.”

El individuo occidental se cree libre pero está sometido a una avalancha de información que le impide escuchar, a una vorágine hiperconsumista que le impide elegir y una comodidad en lo igual que le impide sorprenderse, tener miedo y habitar umbrales. Y esto provoca una proliferación de enfermedades de carácter individual como la depresión, el trastorno límite de la personalidad o la anorexia y la bulimia.

“La conducta autolesiva no es solo un ritual de autocastigo por esas insuficiencias propias que son tan típicas  de la actual sociedad del rendimiento y la optimización, también viene a ser un grito demandando amor.”

El narcisismo es el estado actual del individuo occidental, sobreexpuesto al bombardeo de información. Todo el mundo quiere ser observado, pero en esa omnipresente pretensión de ser observado se pierde profundamente la inclinación del sentir del otro, de percibir lo diferente y dejarse conmocionar por él. Hoy en día la igualdad no nos ha hecho libres, sino esclavos, no de una fuerza exterior sino de nosotros mismos.

“En una sociedad en la que la negatividad de la represión y la negación dejan paso cada vez más  a la permisividad y a la afirmación, cada vez se oirán menos voces. A cambio, crece el ruido de lo igual.”

Es así como  Byung-Chul Han construye un magnífico ensayo en el que hace un diagnóstico crítico de una sociedad que, creyéndose en posesión de todos los medios posibles para realizarse perpetuamente a sí misma se torna plana e igual. El conformismo radical, revestido de positividad, nos impide sentir dolor. Y el dolor es transformación. Prestamos demasiada atención a nosotros mismos y eso nos cosifica, nos embrutece y nos impide ver, escuchar y relacionarnos con el otro. Somos piezas de la maquinaria que nos hemos creado, ayudados por un sistema capitalista y una sociedad neoliberal.

Hoy hemos dejado de ser frágiles niños.”

Puntuación: 9/10.

 

 

 

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