Actualidad, Alcoholismo, Literatura

Lagunas: Recuerdo lo que bebí para olvidar.

Sarah Hepola es la autora de esta fascinante autobiografia etílica. Actualmente vive en Dallas , pero ha colaborado con diversos medios como “The New York Times Magazine”, “New Republic”, “Glamour” o “The Guardian”.

La narración abarca desde su más temprana infancia hasta su entrada en la madurez; desde sus primeros coqueteos con la cerveza hasta la toma de conciencia de su problema: el alcoholismo. Es la historia de una mujer que consigue hacerse a si misma a pesar de que el nexo común de todas sus etapas vitales sea el que fué durante mucho tiempo su potente motor de vida: el alcohol.

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“Quería vivir mis propias películas y para mi el alcohol era la gasolina de toda aventura. Las mejores noches eran aquellas de las que al día siguiente te arrepentías.” (Pag.14).

Si bien durante siglos la mujer que bebe ha sido repudiada o considerada alguien con un secreto que deberia ocultarse y hacerse a escondidas, desde finales del siglo XX y principios del XXI  la cultura pop, la afloración del término empoderamiento y las series de aquellos años pretenden mostrarnos a una mujer independiente, fuerte, que puede fuma y beber, como Carrie y sus amigas en Sexo en Nueva York , como la abogada Diane Lockhart en “The good Fight”. En el cine la heroina treinteañera y tragicómica Bridget Jones puede hacer el payaso mientras va borracha sin,supuestamente, perder la gracia. Florence and The Machine (ya entrados en el siglo XXI) también canta en “Hunger” a su juventud rebelde y a los coqueteos con el alcohol. La bebida es un hábito cultural que puede mantenerse a raya; una forma de rebelión contra el “stablishment” masculino, una forma más de empoderamiento femenino. Que sexy es Lauren Bacall o Ava Gardner con su copa de vino en la mano. Pero no nos damos cuenta de que hay algo terriblemente ficcional en todo esto: Estas mujeres de la pantalla grande nunca tienen resaca, siempre están hermosas, lúcidas y radiantes como si la bebida alcohólica no fuera más que un suplemento vitamínico que en vez de romperte por dentro, te restaurara. Nunca las vemos vomitando en la taza del water. O intentando romperse la crisma recordando que ocurrió la noche anterior. Sus noches y sus días son extremadamente lúcidos. Las lagunas no existen.

“Las lagunas me desconcertaron durante muchos años,pero la mecánica es muy sencilla. La sangre alcanza un punto de saturación de alcohol y cierra el hipocampo, la parte del cerebro responsable de la memoria a largo plazo. Bebes lo suficiente y el morro del animal deja de temblar. Apagón. Se acabaron los recuerdos.”

A mi lo que me parece originalísimo del libro es que se centre exclusivamente en uno de los efectos mas perniciosos del alcohol ( lo digo porque yo también lo he sufrido y se que muchas personas que lean esto también) : lagunas mentales de varias horas (aunque algunas solo duran minutos) en las que no recuerdas nada; las cuales suelen suceder sobre todo en noches desenfrenadas, mezclando juerga sin fin, copas en la mano y sexo con desconocidos. Una laguna es no saber como has llegado hasta donde estás al acabar la noche.

” A veces me pasa. En medio de una escena cae el telón y me deja minutos, en ocasiones horas, a oscuras. Aunque cualquier que me viera no se daría cuenta. Simplemente vería a una mujer caminando, sin saber que su memoria acaba de partirse por la mitad.

A lo mejor no sabéis de que estoy hablando. Quizá sois de los que bebéis con moderación, de los que se toman un par de copas de vino a traguitos y os vais de las fiestas a una hora prudente. Quizá sois de esas personas afortunadas que pueden pasarse toda la tarde sorbiendo whisky sin desaparecer en el vaso. Pero si sois como yo, conoceréis la fulminante sensación de despertarse y descubrir que, donde debería haber algunas escenas clave de la noche anterior, solo hay un espacio en blanco. Mis noches están llenas de trampillas.”

Las lagunas son un efecto secundario muy peligroso del alcohol. Y si bien todo el mundo ha oído hablar de una famosa droga que pueden echarte en la bebida para violarte o hay extensos artículos periodísticos e internautas de los perniciosos efectos que puede tener sobre tu salud o tu cerebro la cocaína, la heroína, el éxtasis o las pastillas ( Aquí Sarah Hepola trata el tema de una forma muy interesante y novedosa) las lagunas mentales es un tema muy poco tratado. Todo el mundo sabe más o menos de que se habla pero no le da importancia. Porque los perniciosos efectos de una droga legal siempre parecen menos nocivos que cualquier otro.

“Los verdaderos borrachos esperan, atentos al momento en el que tocan fondo. Tu cara choca continuamente contra un muro de ladrillos, pero esperas poder destrozártela y seguir tu camino. Quedar herido, pero no destruido. Es una apuesta. ¿Cuantos riesgos quieres correr? ¿Cuantos percances necesitas? (Pag.130)”.

El lenguaje utilizado por Hepola es sencillo y conciso. Numerosos pasajes crudos no están exentos de humor . Quizá sea por eso que resulte tremendamente impactante. En algunos sitios he leido que es como “un puñetazo en el estómago”, pero francamente, a mi no me ha parecido así Y no lo digo en el mal sentido de la frase. Es que creo que es algo más que “un simple puñetazo en el estomago”: es la historia de una mujer empoderada que hizo del alcohol su compañero de juegos y que luego se dió cuenta de que su compañero, como la gasolina que necesitas para hacer frente a tu naturaleza tímida e imperfecta, le estaba jugando muy malas pasadas, y tuvo que dejarlo de lado.Y por eso es también la historia de esa lucha por abandonar su adicción.

“No puedo creer que en otro tiempo pensara que la única parte interesante de una historia era aquella en la que la heroína bebía. Porque pueden ser las historias más soporíferas del mundo. ¿Hay algún héroe más odioso que un borracho con mirada vacía que no deja de repetirse? Estuve atrapada en esas repeticiones muchos años-las mismas conversaciones, las mismas humillaciones, el mismo remordimiento- y en ellas no hay tensión narrativa, creedme. Era un gran bucle de Misma Mierda.

Estar sobria no era la parte aburrida. Estar sobria era el giro argumental”

A mi me resulta extremadamente consolador que alguien hable de si misma y trate este tema de una forma tan natural y divertida. Quizá haya pasajes grotescos para quien no se haya visto envuelto en situaciones como las que rodearon la vida de Sarah Hepola hasta que dejó de beber pero su necesidad de transmitir ese mensaje final es tremendamente conmovedor, tierno y, a la vez, muy valiente porque no es nada aleccionador. Sarah Hepola te cuenta, pero no te dice que no bebas,no te da consejos, solo se muestra tal como es o tal como fue. Es como si te dijera: “Eh! Mira lo que hacia! Era una borracha que no podía mantener una relación estable, no sabia lo que hacia por las noches, mis amigas me abandonaron, los hombres no me querían, apenas sabia redactar artículos sin una copa en la mano pero sabes? Estoy aquí!! Y te voy a contar mi historia porque yo no soy una superwoman, soy una mujer de carne y hueso, y mi historia, como todas, merece ser escuchada.”

Sarah Hepola ha escrito una autobiografia hermosa y audaz, con los ecos de esos bares en los que te pierdes a deshoras,los carteles de neón, una habitación de hotel a la que no sabes bien como has llegado, el dolor infantil de tu adolescencia y la conciencia de tu entrada en la madurez. Es un testimonio tan feroz y fascinante como fresco y divertido.Como tomarse una cerveza fría en una calurosa tarde de agosto. Además es actual, moderna: La misma Sarah era fan de Stephen King.Hay multitud de referencias a canciones pop , a John Turturro en “Barton Fink”. A una amiga universitaria que nunca la abandonó del todo y que leia a Silvia Plath y a Anne Sexton. A las marcas de cigarrillos. A las clases de bourbon.

“Tenía una reproducción de la automáta de Edward Hopper en el escritorio. En ese cuadro no pasa nada, pero me atraía: una mujer sola, mirando al suelo en un restaurante vacío, de noche. Había decorado mi espacio de trabajo con fotos de bailes en el instituto en las que abrazaba a un grupo de amigos que sonreían. Jamás me había dado cuenta de lo hermosa que puede ser una mujer sola”

Su prosa es tremendamente adictiva, electrizante y original . Por que escribir sobre algo que no recuerdas debe ser tremendamente complicado y ella lo hace con una sencillez y delicadeza sorprendentes. Consigue escribir un libro a mitad de camino entre el thiller ( No os podeis perder el final y lo que se escucha en unas cintas grabadas muchos años atrás ) ,la narración autobiográfica y el ensayo feminista: un libro que es como un lugar reconfortante o un abrazo cálido, sobre todo si en algún momento te has sentido igual que ella ( no creo que haga falta ser una alcohólica para identificarte con algunas de las  situaciones que aquí se describen) o has vivido algo parecido. O quizá no. Quizá no te haga falta haber vivido algo parecido. Porque su historia no deja de ser una más entre las múltiples historias de mujeres fascinantes que se hacen a si mismas gracias a que alguna vez se apartaron del camino recto.

“Yo adoraba el alcohol y me devoró. Adoraba la fama y la maquinaria de la valoración, y me destrozaron. Adorar a otro ser humano es predisponerte para el fracaso, porque los humanos son, por naturaleza, defectuosos. En tiempos adoré a David Foster Wallace. En cierta forma, todavía lo hago. Su suicidio es otro recordatorio de que todo el conocimiento y talento del mundo no impedirán que tus manos aprieten el nudo corredizo del que te colgarás.

Busco todos los tipos de bienestar que puedo procurarme. Música. Viejos amigos. Palabras que abandonan mis manos antes de que salga el sol. Tocar mi guitarra en una habitación vacía. Los árboles, cuando cambian de color y me dicen que no soy una impotente secoya sino otra hoja que se arrastra por el suelo….”

 

 

 

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