Actualidad, Cine

Burning, el incendio invisible de Lee Chang-Dong.

Lee Chang-Dong crea una obra de arte con la adaptación cinematográfica de un relato de Haruki Murakami (Quemar graneros) incluido en su libro de relatos “El Elefante desaparece”, el cual , a su vez, hace referencia a Faulkner y su cuento “Incendiar establos” publicado en 1939. El director consigue rodar un película de 2 horas y media a partir de una obra literaria de pocas páginas, y , a pesar de tenerlo todo en contra, el resultado no puede ser mas apabullante.

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William Faulkner es, a su vez,el escritor favorito de Jong Su, un joven aspirante a escritor que malvive con empleos de poca monta. Una tarde se choca por casualidad con una amiga de la infancia, Haemi, o así se lo hace recordar ella, porque en realidad el no la recuerda ya que ella se ha hecho la cirugia. Tras unos pocos encuentros, Haemi le confiesa que quiere viajar a Africa y que le gustaria que cuidara de su gato,Caldera, mientras ella está fuera. El, obediente, va cada dia a ponerle comida y bebida al gato, que nunca se deja ver, porque según su dueña, le asusta la gente. Cuando vuelve de su periplo por África, Haemi viene acompañada de un joven misterioso, Ben, rico y alegre, que parece poseer todo lo que quiere y es la antítesis personificada de Jong Su, pobre y enamorado.

Toda la película esta dotada de una atmósfera extraña que te invade por completo aunque no te deje entrar desde el principio. Todo va poco a poco. Lo cual significa dejarse llevar por los susurros, los pálpitos, las intuiciones de lo que se va sugiriendo sin que nada parezca real del todo o soñado. Una atmósfera que parece destinada a estallar por algún lado, inflingiendo dolor. Una mezcla de poesia y thriller que te revuelve por dentro.

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Es la historia de un triángulo amoroso en el que la perdición lo inunda todo, especialmente a ese Jong-Su, que, inevitablemente enamorado de Haemi, no puede salvar las distancias contra ese Gran Gatsby que parece ser Ben, un hombre confiado, hermético , rico, con una casa enorme y cuidada, pero que a su vez, aparece rodeado de un aura de oscuro misterio que se reflejará sobre todo a partir de la segunda parte del film, cuando éste, en el granero de Jong-Su ,una preciosa tarde a la luz del atardecer, le confiese que tiene por hobbie incendiar graneros de vez en cuando.

Justo en ese momento se produce una de las escenas más hermosas e hipnóticas de la película, en la que Haemi, aficionada a la mímica, baila semidesnuda al ritmo de la música de “Ascensor para el cadalso” de Miles Davis , crea una paloma con sus manos que se mezcla con la puesta de sol y con la bandera de Corea ondeando al viento; una canción brillante para una coreografía sombría que recoge la futilidad de la vida. Un instante vale más que una vida.

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El film es una adaptación armoniosa e inteligente con multitud de aristas e insinuaciones, como esa mirada insana sobre la precariedad laboral en Corea del Sur ((Tanto Jong-Su como Haemi tienen nimios trabajos con los que solo aspiran a sobrevivir mientras esperan a que su vida mejore), sobre esa brecha abierta entre el mundo rural y granjero al que pertenece Jong-su y el mundo urbano y capitalista en el que Ben se mueve como pez en el agua. Unos vértices de contrastes, de clases sociales diferentes. En el otro lado Haemi, una joven soñadora e inquieta que parece siempre aspirar a algo más.

La cámara parece detenerse en los gestos más íntimos y silenciosos, en la soledad palpitante de Jong Su y su manifiesta perdición; en la siempre sonrisa enigmática de Ben cuando insinua “yo solo me divierto” o en los hermosos gestos y palabras de Hamei. Se mueve entre el distanciamiento y lo profundamente emocional: las escenas mas cotidianas y más simples se transforman en mensajeras de una gran carga misteriosa, visual y política.

Todos los planos ( unidos a las excepcionales interpretaciones de los actores)tienen una sutileza lírica fuera de lo común, no acostumbrados a verse en el cine de hoy.  Y ese plano final, un coche ardiendo y un hombre desnudo quemándose sobre la nieve, es un manifiesto brutal de la más absoluta desesperación.

Puntuación: 8,5/10.

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